Durante la campaña de incendios forestales del verano de 2025, el noroeste de la Península Ibérica fue gravemente afectado, con más de 524.000 hectáreas quemadas en España y Portugal. Según un estudio de la Universidad de León, la combinación de sequía, vientos intensos y una gran cantidad de combustible vegetal creó un 'cóctel perfecto' para estos incendios, caracterizados por su extensión y comportamiento inusual.

El análisis de 66 grandes incendios reveló patrones sin precedentes en su intensidad y simultaneidad, destacando el incendio de Molezuelas de la Carballeda en Zamora y los fuegos en León, que juntos consumieron miles de hectáreas. Los eventos extremos de fuego, con una alta velocidad de propagación, superaron la capacidad de los servicios de extinción, y más del 65 % de los ecosistemas afectados sufrieron daños severos. Además, cerca del 40 % de las tierras quemadas se encontraban en áreas protegidas, lo cual representa un alto riesgo para la biodiversidad local.

Los investigadores instan a replantear las estrategias de gestión forestal y a adoptar modelos que integren la ecología del fuego en la planificación, asegurando así una mejor prevención de los incendios en el futuro.