El Mundial de Fútbol 2026 está generando inquietudes debido al incremento de temperaturas extremas que podrían afectar el rendimiento de los atletas y la seguridad de los espectadores. Estudios recientes indican que 26 de los 104 partidos programados podrían llevarse a cabo bajo condiciones de estrés térmico, según lo medido por la temperatura de bulbo húmedo global, que considera factores como la humedad, la radiación solar y el viento. Algunas sedes, como Miami, Kansas City y Filadelfia, presentan un riesgo elevado de experimentar episodios de calor extremo durante la competición.

La preocupación va más allá del nivel de los jugadores. Miles de aficionados podrían enfrentar condiciones desfavorables mientras transitan por zonas de acceso y celebraciones al aire libre. Mientras que los deportistas cuentan con protocolos de hidratación y atención médica, el público se ve obligado a permanecer durante horas expuesto al sol, lo que incrementa el riesgo de problemas de salud. Esta situación no solo afecta a los encuentros del Mundial, sino que plantea un desafío importante para los organizadores, quienes deberán implementar medidas de adaptación para asegurar el bienestar de todos los involucrados.

La ONU ha advertido que el calentamiento global, causado principalmente por las emisiones de combustibles fósiles, está transformando las condiciones atmosféricas. Con proyecciones que indican que para mediados de siglo más de la mitad de las sedes podrían enfrentar condiciones peligrosas, se vuelve imperativo actuar de manera coordinada. Este Mundial podría convertirse en un escaparate de cómo el cambio climático ya está impactando el deporte y, al mismo tiempo, ser un llamado a la acción para mitigar sus efectos a largo plazo.