Un informe reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre la calidad del agua del Mar Menor subraya que la estabilización aparente en su ecosistema no representa una mejora, sino más bien una transformación significativa en su dinámica. Este estudio, que emplea inteligencia artificial y datos satelitales del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea, aborda casi una década de análisis en la que se han evidenciado patrones de degradación y cambios en el equilibrio ecológico.
Los datos recabados indican niveles alarmantes de eutrofización, resultado del exceso de nutrientes provenientes principalmente de la agricultura. Específicamente, la rambla del Albujón ha sido identificada como una de las áreas más afectadas, donde se ha documentado la alta concentración de algas que bloquean la luz solar y reducen el oxígeno esencial para la vida marina. Los parámetros como la clorofila y la turbidez son fundamentales en la evaluación de la salud del agua, y su análisis revela que la calidad sigue experimentando cambios significativos, tanto estacionales como a largo plazo.
Los investigadores advierten que, a pesar de algunas mejoras en ciertos indicadores, el estado del Mar Menor se mantiene crítico. Se identifican zonas con niveles de calidad más bajos que se distribuyen en franjas, mejorando conforme se alejan de los puntos críticos de contaminación. Este nuevo enfoque científico proporciona herramientas valiosas para un manejo más efectivo del ecosistema, resaltando la urgencia de implementar políticas de gestión que reduzcan los aportes de nutrientes y mitiguen los efectos de eventos extremos en el entorno acuático. Sin estas acciones, la posibilidad de recuperación del Mar Menor se verá seriamente comprometida, con riesgos de un deterioro irreversible.