Recientemente, un grupo de científicos ha sorprendido a la comunidad de biólogos con el descubrimiento de que la salamandra común europea presenta biofluorescencia, emitiendo un intenso resplandor turquesa bajo luz ultravioleta. Este fenómeno, que había permanecido desconocido durante décadas de estudio de la especie, parece estar relacionado con las secreciones tóxicas del animal, lo que podría jugar un papel crucial en su comunicación y defensa contra depredadores.
El descubrimiento sugiere que la salamandra podría usar esta capacidad para reconocerse entre individuos, localizar pareja o incluso fortalecer sus señales de advertencia. Las secreciones tóxicas, que además retienen el brillo incluso después de ser liberadas, son partes clave de su estrategia de supervivencia. Este rasgo es bastante inusual en vertebrados terrestres, siendo únicamente observado en algunas ranas, y representa un avance significativo en el estudio de los anfibios.
Entender el comportamiento de la salamandra biofluorescente también es vital para su conservación, ya que la especie está catalogada como vulnerable debido a la pérdida de hábitat y otras amenazas. Este hallazgo no solo ilumina aspectos de su ecología, sino que también podría abrir nuevas líneas de investigación en medicina y biotecnología a través de la identificación de los compuestos responsables de la fluorescencia.