Un reciente estudio liderado por Heidi Appel y Rex Cocroft ha evidenciado que la planta Arabidopsis thaliana inicia una respuesta defensiva al detectar las vibraciones causadas por orugas al alimentarse. Este mecanismo no depende de un sistema auditivo como el de los animales, sino de la capacidad de los tejidos vegetales para registrar estas pequeñas vibraciones y activar la producción de compuestos químicos defensivos.

Los experimentos mostraron que las plantas expuestas a las vibraciones de masticación desarrollaron niveles más altos de glucosinolatos y antocianinas en respuesta a un posterior ataque de orugas. Esas sustancias hacen que las hojas sean menos apetecibles para los herbívoros, lo que podría suponer una ventaja en la defensa natural de las plantas. Cabe destacar que las plantas no reaccionan a cualquier vibración, sino que responden específicamente a las que emanan de la actividad de alimentación de los herbívoros.

Este descubrimiento plantea la posibilidad de utilizar vibraciones como herramienta para reforzar la defensa de cultivos agrícolas, reduciendo así la dependencia de pesticidas, aunque se requieren más investigaciones para aplicar esta técnica en entornos de cultivo reales, donde factores como el viento y la presencia de otros insectos complican la situación. La bioacústica vegetal, campo en crecimiento, podría abrir nuevas vías en la agricultura sostenible.