La tormenta tropical Cristina ha evidenciado la creciente vulnerabilidad de las comunidades costeras de Guatemala, especialmente en el municipio de Iztapa, donde el aumento del nivel del mar y el fuerte oleaje han creado una crisis humanitaria. En las últimas horas, el mar ha erosionado más de tres metros de playa, alcanzando incluso el cementerio de la aldea El Conacaste, obligando a los vecinos a retirar restos mortales de sus difuntos. Verónica Florián, habitante de la zona, ha expresado su preocupación sobre el impacto del turismo local, que se ve amenazado por el avance del mar.
La fuerza del agua ha llevado a la pérdida de viviendas y daños en la infraestructura, como postes eléctricos, y ha creado un clima de temor en la comunidad. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) ha reportado daños en al menos 15 casas en la aldea de Atitancito, aunque el problema es más amplio y afecta a toda la costa del Pacífico guatemalteco.
Este fenómeno se ve exacerbado por la falta de estudios oceanográficos que impide una evaluación precisa de la situación, ya que el país presenta un déficit de casi 80 años en la investigación de sus dinámicas costeras. La situación es crítica, sobre todo en el contexto del cambio climático, que coloca a Guatemala entre los diez países más vulnerables del mundo a sus efectos.