La agricultura periurbana está en auge en España, donde los huertos urbanos se han convertido en una herramienta esencial para la producción de alimentos locales y la creación de ciudades más sostenibles. Estos espacios no solo ayudan a reducir las emisiones y mejorar la calidad del aire al capturar CO₂, sino que también fomentan la convivencia y la educación ambiental en las comunidades.

A medida que estos huertos se consolidan en las periferias de las grandes ciudades, se transforman de ser espacios marginales a infraestructuras verdes estratégicas. Esto permite a las ciudades producir alimentos frescos, lo que disminuye los costos logísticos y la dependencia de cadenas de suministro globales, al tiempo que mejora la resiliencia ante crisis climáticas o logísticas. Ejemplos globales, como en La Habana y Copenhague, muestran cómo la integración de la agricultura urbana es posible incluso en entornos densamente poblados.

Sin embargo, este crecimiento enfrenta retos significativos, como la presión inmobiliaria y la necesidad de inversiones en tecnología agrícola y planificación urbana. A pesar de estos obstáculos, el potencial de la agricultura periurbana para mejorar la autosuficiencia alimentaria y reforzar la sostenibilidad urbana sigue siendo prometedor, alineándose con iniciativas como la ciudad de los 15 minutos, que promueven el acceso cercano a alimentos frescos.