Un estudio científico indica que el cambio climático alterará las brisas marinas en Barcelona, que actualmente ayudan a dispersar la contaminación en el litoral catalán. Este fenómeno natural, que actúa como un sistema de ventilación durante el verano, podría perder eficacia en las próximas décadas, lo que llevaría a un aumento de la concentración de ozono troposférico, un gas perjudicial para la salud humana, especialmente durante las olas de calor.
Los investigadores predicen que este cambio resultará en que las brisas se desplacen más paralelas a la costa y penetren con menor intensidad hacia el interior, permitiendo que el aire contaminado se asiente por más tiempo sobre las áreas urbanas. Se estima que durante los episodios de calor más intensos hacia finales del siglo, las concentraciones de ozono podrían incrementarse entre 5 y 7 partes por billón en varias zonas del litoral central.
Dada la relación del ozono con problemas respiratorios y cardiovasculares, especialmente en poblaciones vulnerables, se hace evidente la necesidad de actualizar los mapas de riesgo y ajustar las estrategias de protección sanitaria. La lucha contra la contaminación no solo requiere la reducción de emisiones, sino también una adaptación a los nuevos patrones climáticos que transforman los mecanismos de dispersión de contaminantes.