Investigaciones recientes revelan que el cambio climático alterará las brisas marinas en Barcelona, que actualmente ayudan a dispersar la contaminación en el litoral catalán. Con la pérdida de eficacia de estas brisas, se prevé un incremento de las concentraciones de ozono troposférico, un gas nocivo para la salud, especialmente durante las olas de calor. Los científicos estiman que durante los episodios de calor más intensos, hacia finales del siglo, las concentraciones de ozono podrían aumentar entre 5 y 7 partes por billón en diversas áreas del litoral central.

Este fenómeno no solo se debe a las altas temperaturas, sino también a la contaminación que tiende a acumularse en estas situaciones. Las condiciones meteorológicas, como la presencia de anticiclones, dificultan la dispersión de contaminantes como el dióxido de nitrógeno, favoreciendo así la formación de ozono troposférico. Esto implica que la exposición a niveles más altos de contaminación podría causar un aumento en problemas de salud, particularmente en personas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. A medida que las olas de calor se intensifican, es crucial integrar el efecto de la contaminación en los planes de prevención y salud pública, considerando que un 18,7% de la mortalidad atribuida a estas olas podría ser en realidad resultado de la contaminación atmosférica.

Para enfrentar estos desafíos, es vital actualizar los mapas de riesgo y adaptar las estrategias de salud pública, que deben incluir no solo la reducción de emisiones, sino también medidas específicas para mitigar la contaminación durante los episodios de calor extremo.