Según el informe Banking on Climate Chaos 2026, la financiación de Banco Santander a la industria de los combustibles fósiles llegó a 16.829 millones de dólares en 2025, aumentando en un 6,2% respecto al año anterior. Este incremento se produce mientras el banco ha debilitado significativamente sus propias políticas climáticas, pasando de un objetivo de temperatura de 1,5 °C a 1,7 °C. Además, ha transformado su meta de reducción de emisiones absolutas para 2030 en un objetivo de intensidad física, eliminando también las emisiones de alcance 3 de su análisis de impacto.
El informe también señala que el Santander se ha unido a initiatives controvertidas como Carbon Measures, promoviendo un modelo que reduce las emisiones indirectas de sus cuentas. Como resultado neto, estas decisiones facilitan nuevas expansiones en el sector fósil, evidenciando una tendencia preocupante en la que, a pesar de las crisis climáticas y de biodiversidad, las entidades financieras continúan priorizando sus inversiones en combustibles fósiles sobre sus compromisos de sostenibilidad.