Un reciente estudio liderado por el Instituto Alfred Wegener (AWI) ha remodelado la comprensión del origen de la Corriente Circumpolar Antártica (ACC), revelando que su formación fue influenciada por factores atmosféricos y no solo por la apertura de los pasos oceánicos. Se establece que, a diferencia de las teorías anteriores, el desarrollo de la ACC requirió la interacción directa de los vientos del oeste a través del Paso de Tasmania, lo que permitió que esta corriente comenzara a fluir hace unos 34 millones de años, durante la transición de un planeta cálido a uno glacial.

La ACC juega un papel fundamental en la regulación térmica del planeta al conectar los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, y además actúa como un importante regulador de los gases de efecto invernadero, contribuyendo a la reducción de CO2 en la atmósfera. Este enfoque integral, que acopla la dinámica de la capa de hielo antártica con el océano y la atmósfera, permite una mejor comprensión de los cambios actuales observados en el Océano Austral y destaca la vulnerabilidad del sistema ante el calentamiento global.