Más de la mitad de Inglaterra ha sido oficialmente clasificada en sequía, un problema que ha surgido a raíz de un verano particularmente caluroso y seco, según ha comunicado la Agencia británica de Medio Ambiente. Las regiones afectadas incluyen el este de Inglaterra, Londres, el norte de la capital, Hampshire, la isla de Wight, Devon y Cornualles. Las precipitaciones en julio han sido de solo el 7 % de lo previsto, lo que ha llevado a un consumo de agua que supera la capacidad de reposición natural, como advirtió Helen Wakeham, responsable del área de aguas de la agencia.

Adicionalmente, se ha emitido una alerta ámbar por la cuarta ola de calor, que podría ver temperaturas alcanzar hasta 33 grados Celsius. Esta situación genera preocupación en torno a los riesgos para la salud pública, especialmente entre las poblaciones vulnerables, incluyendo a niños y ancianos. Las autoridades están tomando medidas para abordar esta crisis y se recuerda a la población la importancia de conservar el agua.