Las lagunas son más que cuerpos de agua; representan vida y biodiversidad. Sin embargo, la aparición inesperada de lagunas en entornos urbanos plantea desafíos. Este es el caso del Lago Bullicante en Roma y las lagunas de Ambroz en Madrid, donde la acción comunitaria ha sido esencial para su conservación.
El Lago Bullicante se formó accidentalmente tras un intento fallido de construcción que rompió un acuífero. Desde entonces, ha evolucionado como un ecosistema autosostenible, gracias a la labor del Foro Territorial Permanente Parco delle Energie. Por su parte, las lagunas de Ambroz, surgidas del abandono de una mina, han despertado el interés de grupos ecologistas que trabajan para protegerlas ante amenazas de construcción urbanística.
Ambos ejemplos evidencian la capacidad de la naturaleza de regenerarse con el tiempo, así como la importancia de una ciudadanía organizada para garantizar su protección. La necesidad de estrategias urbanas que integren la naturaleza se vuelve crucial para el bienestar ambiental y social de las ciudades.