El impacto de las políticas pesqueras de Donald Trump y la Unión Europea se está consolidando como un factor crucial para la salud de los océanos. Expertos internacionales alertan que cualquier retroceso en los sistemas de control pesquero podría comprometer décadas de avances en conservación, amenazando tanto la biodiversidad marina como la economía pesquera mundial.

En Estados Unidos, la comunidad científica muestra inquietud ante el debilitamiento de las estructuras técnicas y la restricción del acceso a datos, que podrían socavar un modelo de gestión pesquera basado en evidencia. Por otro lado, en la UE, la revisión de la Política Pesquera Común genera incertidumbre. Aunque ha contribuido a reducir la sobrepesca, la presión económica del sector está impulsando propuestas que podrían flexibilizar los controles, lo que en el pasado ha conducido a una explotación perjudicial de los recursos.

Los expertos subrayan que las ayudas públicas en el sector pesquero deben ser gestionadas con cautela para evitar la sobrecapacidad de la flota. Una gestión basada en criterios científicos y con un enfoque en la regeneración natural se vuelve esencial para asegurar un futuro equilibrado y sostenible para la pesca y los ecosistemas marinos. Las decisiones que se tomen en este ámbito afectarán no solo el presente, sino también el futuro de los recursos marinos a nivel global.