En un contexto marcado por la crisis ambiental, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático están favoreciendo un aumento en las enfermedades zoonóticas, transmisibles entre animales y humanos. Un reciente mapa de infecciones revela que, de cada cinco nuevas enfermedades en humanos, tres son de origen zoonótico, lo que genera una gran preocupación entre los expertos y en la comunidad científica. Según Nacho de Blas, veterinario y profesor de Patología Animal en la Universidad de Zaragoza, el avance de factores como la fragmentación de ecosistemas y la interacción creciente entre humanos y fauna silvestre está propiciando un nuevo mapa epidemiológico que exige atención inmediata.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) estima que el 75% de los agentes patógenos responsables de infecciones emergentes provienen del reino animal. Esto se ve reflejado en casos alarmantes como la leishmaniosis humana en Fuenlabrada, donde el aislamiento ecológico favoreció el contagio a través de especies sobrepobladas. Por otro lado, el cambio climático está acelerando la expansión geográfica de enfermedades y vectores, mientras que la globalización y el aumento de monocultivos incrementan la probabilidad de brotes como los de hantavirus y la gripe aviar, especialmente la cepa H5N1, que ha mostrado mutaciones preocupantes en diversas especies.
Con el deterioro de los ecosistemas, la desaparición de especies clave altera el equilibrio natural y puede incrementar la proliferación de animales que actúan como reservorios de enfermedades. Esto ha llevado a especialistas a resaltar la importancia de sistemas de vigilancia epidemiológica en España, que deben centrar sus esfuerzos en el monitoreo de enfermedades zoonóticas y en la implementación de estrategias de salud pública coordinadas. El enfoque “One Health”, que integra salud humana, animal y ambiental, se erige como una estrategia primordial para prevenir futuras crisis sanitarias.