La Fundación CRAM ha revelado que en su estudio anual sobre la salud de las tortugas marinas, el 74% de las 63 muestras analizadas presentaron residuos plásticos en heces y contenidos digestivos. Esto subraya la alarmante contaminación del Mediterráneo. Aunque el plástico no fue la causa directa de muerte en los casos de necropsia, se encontraron problemas de salud severos como enteritis, que pueden agravar el estado de los animales. El tipo de plástico más común detectado fue el tipo lámina, representando el 64% del total, lo que destaca su prevalencia en hábitats donde se alimentan las tortugas bobas. Además, se registraron casos de tortugas enmalladas en basura marina, lo que pone en relieve la gravedad del problema.

Como bioindicadores, las tortugas marinas pueden reflejar el estado de salud de los ecosistemas marinos. La alta presencia de plásticos en sus organismos no solo afecta su salud, sino que también implica riesgos para la biodiversidad y, potencialmente, para la salud humana a través de la cadena alimentaria. Esta situación exige una atención urgente y medidas efectivas para reducir la contaminación plástica en nuestros océanos.