Marruecos ha transformado su panorama energético, consolidándose como un competidor directo de España en el ámbito de las energías renovables. Con más de 4.000 megavatios de capacidad instalada, el país alauí tiene como objetivo alcanzar el 52% de electricidad limpia para 2030. Este cambio se sustenta en inversiones significativas en energías solar y eólica, destacando el complejo Noor Ouarzazate, una de las plantas termosolares más grandes del mundo.

A lo largo de la última década, Marruecos ha pasado de ser un importador neto de energía a un exportador potencial de electricidad verde y hidrógeno, gracias a su favorable clima y a un marco regulatorio favorable. Proyectos ambiciosos, como la gigafactoría de electrolizadores Amun, están en desarrollo para producir hidrógeno verde en grandes cantidades. Mientras tanto, de cara al futuro, la interconexión eléctrica con España se expandirá, lo que podría permitir un intercambio de energía más significativo entre ambos países.

A pesar de estos avances, Marruecos enfrenta desafíos, como la necesidad de asegurar la trazabilidad del hidrógeno y la gestión del estrés hídrico en su territorio. Sin embargo, la creciente producción y las sinergias entre ambas naciones pueden resultar en una cooperación que beneficie a Europa en su búsqueda de energía limpia.