Marruecos ha dado un paso significativo en su infraestructura hídrica al expandir su red de sistemas atrapanieblas en la cordillera del Anti-Atlas. Utilizando mallas de polímeros de alta resistencia, estas instalaciones, situadas a más de 1.200 metros de altitud, capturan la humedad presente en el aire para convertirla en agua utilizable. Este enfoque no solo ayuda a mitigar la crisis hídrica, sino que también ha mejorado las condiciones de vida en localidades como Aït Baâmrane, facilitando la escolarización y la agricultura local.
La implementación de sistemas atrapanieblas se complementa con otras medidas integrales para combatir la sequía, como el almacenamiento de agua en embalses, el desarrollo de plantas desalinizadoras y la modernización de la agricultura con tecnologías de riego eficientes. Actualmente, los embalses de Marruecos se encuentran al 75% de su capacidad, lo que refleja el éxito de estas políticas en un contexto de desafíos climáticos constantes. Esta transformación ha llevado a Marruecos a posicionarse como modelo de adaptación climática a nivel regional e internacional, despertando el interés en Europa ante su propia crisis hídrica estructural. La gestión hídrica se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional para Marruecos, enfatizando la importancia de una planificación estratégica en la gestión del agua frente a los retos que plantea el cambio climático.