El sector de alimentos ecológicos en Catalunya ha pasado de ser emergente a consolidarse dentro del sistema alimentario, a pesar de un contexto económico adverso caracterizado por la inflación. Aunque más del 95% de las familias catalanas han optado por productos ecológicos en algún momento, el consumo habitual no se ha arraigado, debido principalmente a la percepción del precio y a barreras económicas. Este fenómeno destaca que el reto actual no es la producción, sino transformar hábitos de consumo.

La desconexión entre el costo de estos productos y los beneficios asociados, como la calidad y el impacto ambiental positivo, limita su expansión. Las políticas públicas desempeñan un rol crucial en este contexto, ya que pueden promover el consumo a través de campañas de educación y estrategias que faciliten el acceso. A pesar de los logros, el mercado ecológico enfrenta la problemática del etiquetado, donde términos confusos pueden mermar la confianza del consumidor, complicando así el desarrollo de un modelo alimentario realmente sostenible en Catalunya.