El 28 de abril de 2025, España sufrió un apagón que dejó a 50 millones de personas sin electricidad, tras la pérdida de 15 gigavatios de generación en solo cinco segundos. Este evento reveló la fragilidad del sistema eléctrico, destacando la necesidad de reforzar las interconexiones, mejorar el control de tensión y fomentar el almacenamiento de energía. Más de un año después, las recomendaciones incluyen pasar a un modo de operación 'reforzado', aceptando que el coste de esta mejora será asumido por los consumidores en sus facturas.
La sostenibilidad de una empresa no puede medirse únicamente por sus emisiones de CO2, sino también por su capacidad de operar durante las interrupciones del suministro eléctrico. Así, el almacenamiento de energía se convierte en un pilar clave para la operación resiliente de las empresas. Sin embargo, la implementación de soluciones de autoconsumo con almacenamiento enfrenta barreras por los altos costes iniciales. Es crucial desarrollar modelos comerciales que faciliten la adopción de tecnologías energéticas modernas, como cuotas mensuales que incluyan todo el equipamiento necesario.
El sistema eléctrico español está en medio de una transformación hacia una mayor integración de energías renovables, lo que exige que las empresas se conviertan en activos flexibles y no solo en consumidores pasivos. La reciente regulación también ha comenzado a reconocer la importancia del almacenamiento como una pieza central del nuevo sistema, lo que abre oportunidades para mejorar la resiliencia energética de las empresas españolas ante posibles apagones futuros.