Las fábricas españolas están firmemente establecidas como un centro clave para la producción de vehículos eléctricos en Europa, ya que se espera que nuevas marcas como Volkswagen, Skoda, Cupra y Renault comiencen la fabricación de diversos modelos en los próximos años. A partir de 2026, se iniciará la producción de cuatro modelos eléctricos de Volkswagen en Barcelona y Pamplona, mientras que Stellantis introducirá nuevos vehículos eléctricos en Vigo y Zaragoza en 2027. Sin embargo, las plantas de Renault en Palencia y Valladolid, así como la de Ford en Almussafes, aún no tienen asegurada la producción de modelos eléctricos, un hecho que podría tener repercusiones negativas en su sostenibilidad, especialmente considerando que la normativa europea prohibirá la venta de coches nuevos con emisiones de CO2 a partir de 2035.

En este contexto, España se posiciona como el segundo mayor fabricante de vehículos en Europa, sólo superado por Alemania. La reciente demanda de vehículos eléctricos ha permitido que las plantas españolas vuelvan a ser competitivas, tras haber quedado fuera de las primeras oleadas de asignaciones. Se proyecta que para finales de 2025 se fabriquen hasta veinte modelos eléctricos en el país, aunque la producción aún se mantendrá por debajo de las expectativas, con solo 108.000 vehículos eléctricos fabricados el año pasado, que representó menos del 5% del total de las producciones nacionales.

A medida que España avanza en su transición energética, se enfrenta a un desafío clave: la dependencia de tecnologías renovables importadas. Aunque esta transición busca reducir las emisiones internas, gran parte de las tecnologías, como las placas solares y aerogeneradores, son producidas en países que utilizan combustibles fósiles en su fabricación. Por lo tanto, es fundamental que España considere no solo la electrificación del transporte, sino también el desarrollo de una industria de tecnologías renovables interna que garantice un modelo más sostenible y menos dependiente de factores externos.