Investigadores de la Universidad de Washington han demostrado que las heces de ballenas contienen hierro y cobre en formas accesibles para los organismos marinos. Este hallazgo subraya el papel de estos cetáceos no solo como consumidores, sino también como importantes recicladores de nutrientes en el océano. Al favorecer el crecimiento del fitoplancton, las heces de ballenas contribuyen a sustentar toda la cadena alimentaria marina, desde el krill hasta los peces y aves marinas.

La investigación se centró en muestras de heces de ballenas jorobadas y ballenas azules, en las que se encontraron altos niveles de hierro y cobre. Los investigadores destacan que, a pesar de las preocupaciones sobre la toxicidad del cobre, este se presenta en forma de compuestos seguros gracias a la presencia de ligandos en las heces. Esta funcionalidad resalta la necesidad de proteger a las ballenas, no solo por su valor simbólico, sino también por su impacto en la salud del océano y, por ende, en el clima global. La pérdida de estas criaturas por la caza industrial podría tener profundos efectos biogeoquímicos en un ecosistema crítico para el ciclo del carbono.