El aumento de las olas de calor ha traído a la luz la temperatura de bulbo húmedo, una medida que combina calor y humedad que permite evaluar con mayor precisión el estrés térmico. Según la meteoróloga Mar Gómez, este parámetro se obtiene mediante un termómetro envuelto en un paño húmedo y es fundamental para entender cómo el cuerpo humano responde al calor, destacando que su medición a menudo resulta inferior a la temperatura convencional. La relevancia de esta medida radica en que ayuda a aproximarse al verdadero riesgo para la salud, especialmente en condiciones de alta humedad.
La alta humedad puede agravar los efectos del calor, dificultando la evaporación del sudor y la capacidad del organismo para regular su temperatura. Gómez señala que a partir de los 35ºC de bulbo húmedo, la capacidad del cuerpo para disipar calor se ve seriamente comprometida, lo que puede llevar a situaciones de hipertermia. Por otro lado, Elvira Jiménez, de Greenpeace, enfatiza que el aumento del calor extremo debe ser tratado como una cuestión institucional, considerando factores de vulnerabilidad social y económica que agravan el riesgo. Las políticas públicas deben ser coordinadas y considerar la creación de "refugios climáticos" como parte de la adaptación al cambio climático, asegurando acceso y equidad en su distribución.