La sequía en Europa ha causado un aumento significativo en la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles. Un estudio reciente que analiza datos de 25 países entre 2017 y 2023 estima que la sequía generó 180 TWh adicionales de electricidad a partir de estos combustibles, lo que equivale aproximadamente al 7% de toda la electricidad producida en la UE en 2022. Además, este incremento ha resultado en la emisión de 141 millones de toneladas de CO2 equivalente, coste que podría comprometer las metas climáticas de Europa para 2040.
La dependencia del agua para la energía hidroeléctrica se vuelve crítica durante periodos de sequía, limitando esa fuente de energía y obligando a los sistemas eléctricos a recurrir a alternativas más contaminantes, como el gas y el carbón. Este ciclo agrava las emisiones de gases de efecto invernadero, además de generar otros contaminantes más nocivos para la salud, como las partículas PM2.5.
Se identifican a España, Bulgaria e Italia como los países europeos más afectados en términos de contaminación por partículas durante estos episodios. Para mitigar esta dependencia de combustibles fósiles, los expertos sugieren varias estrategias, entre ellas aumentar las interconexiones eléctricas entre países y mejorar las tecnologías de almacenamiento de energía renovable, como las baterías y el hidrógeno limpio.