Un análisis realizado por ClicKoala y el Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha revela que la preocupación de los ciudadanos españoles por el cambio climático ha caído del 93,1% en 2019 al 77,5% en la actualidad. Más alarmante es que solo el 42% de la población considera esta crisis un 'gran problema', un notable descenso frente al 67% que lo afirmaba hace seis años. Este descenso es más acentuado entre los jóvenes, cuyos niveles de preocupación han caído drásticamente: del 68% al 27,2% en hombres y del 74% al 35% en mujeres de 16 a 24 años.

El estudio también resalta un desinterés creciente por otros problemas ambientales, como el exceso de plásticos y la pérdida de biodiversidad, que han disminuido en preocupación del 66% al 45% y del 63% al 42%, respectivamente. Aunque un 20% de los encuestados se siente bloqueado ante la magnitud del cambio climático, es importante mencionar que muchos hábitos sostenibles se mantienen: el 63% dona, regala o vende objetos que ya no utiliza y un 58% recicla. Según Xavier Moraño, director del estudio, es fundamental mostrar formas efectivas de actuar contra el cambio climático, destacando la necesidad de que la motivación surja de un sentido de orgullo y conexión con valores individuales. Además, la falta de 'autoeficacia' está calando más en los jóvenes que en las generaciones mayores, lo que refleja una desconexión emocional hacia el problema, muy a pesar de que estos son quienes experimentarán en mayor grado los impactos de fenómenos climáticos extremos en el futuro.

La situación se complica por la saturación informativa y la competencia de otras problemáticas que absorben la atención de los jóvenes, como guerras, inestabilidad política, y crisis económicas. En un contexto donde el cambio climático se ha convertido en un objeto de polarización cultural, la desinformación también juega un papel fundamental en esta disminución de preocupación, ya que las redes sociales ahora dominan el consumo de información entre los jóvenes. Este cambio de hábitos ha sido acompañado de una creciente desconfianza en las fuentes de información, lo que repercute en su percepción de la urgencia de la crisis climática.