La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha señalado que los indicadores para el fenómeno de El Niño están claramente presentes, con un notable aumento en la temperatura de la superficie del mar en el océano Pacífico ecuatorial. Se estima que la probabilidad de que El Niño ocurra es del 90% durante el segundo semestre del año. Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, enfatiza la necesidad urgente de prepararse ante posibles efectos adversos que van desde sequías severas a lluvias extremas y una mayor propensión a olas de calor en varias regiones.
Particularmente, se espera que el sur de Brasil, Paraguay y Argentina enfrenten lluvias intensas e inundaciones, mientras que Centroamérica podría experimentar sequías significativas. António Guterres, secretario general de la ONU, ha descrito a El Niño como un claro alerta climática, haciendo un llamado a la comunidad internacional para adoptar medidas contra la crisis climática.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE.UU. ha confirmado la formación de El Niño, anticipando que podría ser ‘muy fuerte’ y prolongado, aumentando notablemente las temperaturas del mar por encima de 2 grados centígrados sobre lo habitual, lo que podría alterar patrones climáticos a nivel global. Los posibles impactos de este episodio incluyen alteraciones en la circulación atmosférica, sequías extremas, lluvias torrenciales, y una mayor actividad ciclónica, aumentando así la preocupación en diversas regiones del mundo. Aunque la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de España ha indicado que la correlación entre El Niño y el clima español es limitada, advirtió que el calentamiento global podría amplificar sus efectos.