La contaminación del aire no solo afecta la salud respiratoria y cardiovascular, sino que también modifica la composición corporal. Un estudio indica que la exposición prolongada a contaminantes, como el carbono negro y las partículas PM2.5, está vinculada a un aumento de la grasa corporal y a una disminución de masa muscular.

Se ha evidenciado que las áreas con mayor polución presentan peores indicadores de composición corporal, lo que incrementa el riesgo de enfermedades metabólicas, especialmente en personas con sobrepeso. La combinación de más grasa y menos músculo tiene un impacto negativo en la salud metabólica, elevando la fragilidad física y el riesgo cardiometabólico.

La reducción de la contaminación se plantea como una estrategia esencial para mejorar la salud pública. Procedimientos como mejorar la calidad del aire y repensar políticas de movilidad son urgentes, ya que el entorno urbano se ha vuelto fundamental para el bienestar de la población. Proteger la salud a través de entornos urbanos más limpios no solo beneficia al medio ambiente, sino que también previene enfermedades metabólicas en una población cada vez más expuesta a la polución.