El suelo es un componente esencial para la vida en la Tierra, albergando aproximadamente el 59% de los organismos que sostienen nuestros ecosistemas. Sin embargo, más del 60% de los suelos en la Unión Europea no es saludable, afectado por la contaminación, erosión y prácticas agrícolas intensivas. La importancia de la biodiversidad del suelo se exacerbó en estudios recientes realizados por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC), que concluyeron que una microbiota diversa actúa como un 'escudo natural' contra patógenos, protegiendo tanto los cultivos como la salud humana, resaltando su función en la reducción de enfermedades relacionadas con bacterias peligrosas.

Los resultados de investigación indican que suelos con mayor biodiversidad bacteriana no solo fortalecen la resistencia de cultivos como el tomate y el arroz, sino que también ofrecen defensa contra microorganismos dañinos asociados a enfermedades humanas, como tuberculosis y salmonelosis. Esta conexión entre la salud del suelo y la salud pública subraya la necesidad de estrategias de conservación de la biodiversidad del suelo, especialmente en un contexto de cambio climático. En respuesta, la Unión Europea está implementando la Directiva de Monitorización y Resiliencia del Suelo, orientada a evaluar y proteger la salud del suelo, utilizando indicadores de biodiversidad para guiar acciones que aseguren un futuro sostenible para nuestros recursos naturales.