En el Ripollès, la situación es crítica tras tres episodios de fuertes vientos que han dejado miles de árboles caídos. Se estima que han caído 23.500 toneladas de madera, lo que supera de tres a cuatro veces la cantidad que se extrae en un año normal. Esta acumulación representa no solo un desafío logístico para su retirada, sino también un riesgo elevado de incendios y plagas, ya que troncos en el suelo pueden ser un foco de infección.
Los técnicos han comenzado los trabajos de retirada, y se espera que al menos el 50% de la madera pueda ser extraída antes de agosto. La urgencia es crucial, pues si la madera permanece en el monte demasiado tiempo, su valor disminuye y se incrementan los riesgos sanitarios, especialmente en épocas cálidas. Desde la Generalitat, se enfatiza que es esencial actuar con criterio para gestionar esta situación y que los propietarios detecten y comuniquen la posible aparición de plagas en sus áreas.
Sin embargo, no toda la madera muerta debe ser eliminada, ya que juega un papel importante en el ecosistema, proporcionando nutrientes y refugio a diversas especies. La clave estará en encontrar un equilibrio que permita conservar la biodiversidad mientras se mitigan los riesgos asociados a la acumulación excesiva de madera en el suelo.