La abeja negra en Cantabria se ha convertido en un recurso esencial para la apicultura en España, especialmente en un contexto de creciente mortalidad de colmenas provocada por parásitos y especies invasoras. La cría y selección de reinas de esta subespecie (Apis mellifera iberiensis) permite a los apicultores de la región abastecer cada año a sus colegas en toda España y en Francia con cerca de 4.000 ejemplares adaptados al entorno atlántico.
Este modelo no solo apoya la actividad apícola, sino que también refuerza la biodiversidad, dado que la abeja negra ibérica desempeña un papel crucial en la polinización, fundamental para los ecosistemas. A pesar de los problemas como el parásito Varroa destructor y la amenaza de la avispa asiática (Vespa velutina), los esfuerzos de selección genética han permitido el desarrollo de colonias más resistentes. Javier Agüero, productor de Miel Sierra del Dobra, señala que la abeja negra tiene la capacidad de detectar y eliminar larvas enfermas dentro de la colmena, lo que resulta determinante para su supervivencia.
El proceso de cría de reinas se lleva a cabo principalmente de marzo a junio, aprovechando condiciones favorables de temperatura y floración. Además, la actividad apícola en Cantabria está ligada a la diversidad floral de la zona, que permite la producción de diferentes tipos de miel a lo largo del año. Así, la apicultura en Cantabria no solo se posiciona como una actividad productiva, sino que se convierte en un pilar para la sostenibilidad de los ecosistemas y la agricultura en la región.