Un estudio realizado en la Península Ibérica por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha revelado que las grajillas forman complejas redes sociales con otras especies de aves. Estos grupos no solo comparten espacios para dormir, sino que también intercambian información crucial para su supervivencia frente a depredadores y facilitan la búsqueda de alimento. A pesar de la importancia de estos comportamientos sociales para la biodiversidad en la región, las grajillas experimentan un alarmante declive poblacional, relacionado con la transformación del medio rural y la pérdida de hábitats adecuados.
El censo más amplio realizado hasta la fecha contabiliza alrededor de 100,000 grajillas distribuidas en 232 dormideros, de los cuales más del 70% son compartidos con otras especies como estorninos y garcillas bueyeras. Este comportamiento de convivencia nocturna no solo brinda seguridad a las aves, sino que también actúa como un centro de intercambio de información vital. Sin embargo, el aumento de la dependencia de las grajillas de los entornos urbanos refleja la degradación de su hábitat rural natural. Para su conservación, se hace necesario proteger los dormideros y los ecosistemas asociados, ya que su declive podría tener efectos en cascada sobre otras especies que dependen de estos hábitats.
Los expertos advierten que la preservación de las arboledas, humedales y paisajes agrícolas tradicionales es esencial para frenar la disminución de las grajillas y mantener la biodiversidad en la Península Ibérica. La gestión adecuada de los espacios urbanos y rurales se convierte en una prioridad para asegurar la supervivencia de estas aves y las comunidades ecológicas en las que participan.