Las flotas fantasma, compuestas por petroleros y metaneros que operan en zonas de conflicto, se han convertido en una seria preocupación ambiental. Estas embarcaciones aprovechan vacíos legales para facilitar la explotación de hidrocarburos, frecuentemente en Estados sancionados. El doctor Rafael Muñoz advierte que su existencia constituye "una bomba climática" por los potenciales vertidos de combustible que podrían causar en el mar. Recientemente, se registraron incidentes, como una mancha de fuel de 40 kilómetros en la costa rusa del mar Negro.
La inseguridad ambiental que generan estos buques es alarmante, ya que muchos de ellos son viejos y monocasco, lo que aumenta el riesgo de desastres como el ocurrido con el Prestige. Además, Greenpeace ha informado que las simulaciones de vertidos en el mar Báltico podrían amenazar ecosistemas en pocas horas. En el actual contexto bélico, donde acciones ofensivas en el mar Negro son una realidad, el riesgo de explosiones por ataques a estas flotas también crece, planteando un peligro inminente para las costas europeas, especialmente las de España, que lidia con su tránsito frecuente en corredores marítimos claves. La necesidad de una regulación más estricta es urgente para evitar un desastre Mayor.