El sector de la aviación en España se enfrenta al desafío de reducir su dependencia de combustibles fósiles, especialmente en un contexto de inestabilidad internacional que amenaza el suministro. El combustible sostenible de aviación (SAF) se presenta como una solución relevante, pues puede utilizarse en las infraestructuras y motores actuales. La Unión Europea establece objetivos para aumentar su uso a un 6 % en 2030 y un 70 % en 2050, confirmando su papel crucial en la descarbonización del sector.
En España, Repsol produce SAF en su complejo industrial en Cartagena y está innovando en Bilbao, donde desarrolla combustibles sintéticos (e-SAF) a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado. La empresa Moeve ya suministra SAF en varios aeropuertos y, junto a Bio-Oils, lleva a cabo la construcción de una planta de biocombustibles de segunda generación en Huelva, que aumentará significativamente la capacidad de producción nacional. La biomasa lignocelulósica, abundante en el país, ofrece una vía adicional para la producción de SAF, con un potencial de hasta 517,6 millones de litros anuales a través del proceso de gasificación y síntesis Fischer-Tropsch, aunque su desarrollo se enfrenta a retos logísticos en la recogida y tratamiento de la materia prima.
Además, el uso de combustibles sostenibles en la aviación se presenta como un tema de soberanía, más allá de la mera reducción de emisiones. Asegurar un suministro interno de SAF puede ser determinante para la autonomía estratégica del transporte aéreo en España. Por lo tanto, el avance en la producción y adopción de estos combustibles se considera esencial no solo para la sostenibilidad, sino también para la seguridad del sistema de transporte aéreo del país.