La desertificación y la sequía son problemas que afectan gravemente a España, particularmente al sur del país, donde la pérdida de suelo fértil es alarmante debido al cambio climático y al mal uso del agua y la tierra. Según Leandro Sequeiros, presidente de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta, las provincias de Barcelona y Málaga registran pérdidas de hasta 90 toneladas por hectárea anualmente, mientras que Castellón, Jaén, Girona, Córdoba, Almería y Granada se sitúan entre 40 y 50 toneladas.
El Plan Nacional de Lucha contra la Desertificación destaca a Granada como una de las áreas más vulnerables, no solo por condiciones naturales como la baja precipitación y suelos frágiles, sino también por factores socioeconómicos, incluyendo la urbanización acelerada. Este fenómeno, derivado de una combinación de cambios climáticos y acciones humanas, representa uno de los mayores retos ambientales a nivel global, ya que afecta la producción de alimentos y la resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
A través de campañas de sensibilización y la implementación de políticas efectivas, se busca frenar la degradación de tierras. La ONU estima que cada año se degradan 100 millones de hectáreas, haciendo un llamado urgente a la acción colectiva para asegurar un uso sostenible de estas áreas, vitales para el bienestar de generaciones actuales y futuras.