El cambio climático está intensificando el retroceso de glaciares, lo que trae consigo un creciente riesgo de tsunamis en comunidades costeras. Este fenómeno se evidenció en el sureste de Alaska en agosto de 2025, cuando el deslizamiento de una enorme masa rocosa sobre el glaciar South Sawyer generó un tsunami que alcanzó una altura de hasta 481 metros en el fiordo Tracy Arm. Este evento se consideró el segundo tsunami más alto jamás registrado, tras el de Japón en 2011, y tuvo una intensidad comparable a un terremoto de magnitud 5,4, dejando marcas visibles de destrucción en el paisaje.
Investigadores han señalado que el aumento de temperatura y el deshielo acelerado están afectando la estabilidad de montañas y glaciares, lo que incrementa la probabilidad de deslizamientos de tierra que pueden provocar tsunamis. La pérdida de soporte natural de las montañas, debida al retroceso de los glaciares, hace que estas sean más vulnerables a colapsos, una situación que podría repetirse en las próximas décadas. Aunque el tsunami de 2025 no causó víctimas, la zona, que es un popular destino turístico con hasta 20 cruceros diarios en verano, demanda atención urgente para mejorar los sistemas de prevención y alerta.
Los científicos advierten sobre la necesidad de establecer protocolos de monitoreo y detección temprana para mitigar los riesgos, especialmente en áreas de alta actividad turística. A medida que el cambio climático continúa alterando el equilibrio en estas regiones, las comunidades locales y las empresas deben prepararse para la posibilidad de desastres naturales que podrían tener consecuencias devastadoras.