El fenómeno del calor extremo se manifiesta no solo en exteriores, sino también en interiores, donde las temperaturas pueden superar las del entorno. Este problema, agravado por el cambio climático y la urbanización, ha llevado a la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja a dedicar el Día Mundial de la Acción contra el Calor 2026 a este asunto. Las viviendas, hospitales y oficinas, mal adaptadas, son espacios donde las altas temperaturas pueden causar un impacto severo en la salud física y mental.
Expertos han alertado que la falta de ventilación correcta y el uso de materiales inadecuados en la construcción provocan que los recintos retengan calor, aumentando así el estrés térmico y agravando condiciones de salud como diabetes y enfermedades respiratorias. Particularmente vulnerable es la población mayor y aquellos que enfrentan pobreza energética, que padecen el calor sin acceso a soluciones de refrigeración adecuadas.
Se recomienda adoptar medidas simples para mitigar estos efectos, como pintar los techos de colores claros y mantener cortinas cerradas durante el día. A nivel internacional, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente promueve la iniciativa 50@50, que une a diversas ciudades para compartir estrategias de adaptación y contrarrestar el aumento de temperaturas en áreas urbanas. Las acciones a nivel comunitario y la adaptación espacial son clave para enfrentar uno de los riesgos climáticos más críticos del siglo XXI.