El censo de 2025 ha señalado una ligera recuperación del águila perdicera en Castilla y León, con 17 territorios ocupados, una mejora respecto al mínimo histórico de 14 territorios registrado en 2009. Sin embargo, esta cifra se mantiene muy por debajo de las 40-44 parejas contabilizadas en 1990, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de la especie ante el deterioro ambiental y las perturbaciones humanas.

La población actual se encuentra concentrada principalmente en Salamanca y Zamora, con 10 y 6 territorios ocupados respectivamente. Esta concentración territorial plantea un riesgo significativo, ya que un impacto en una de estas áreas podría repercutir drásticamente en el total de la población. Las principales amenazas incluyen la electrocución en tendidos eléctricos, la pérdida de hábitat y la presión humana, factores que han contribuido a la disminución del águila perdicera en su distribución histórica.

Para prevenir un nuevo colapso poblacional, los expertos sugieren implementar medidas como la corrección de tendidos eléctricos peligrosos y la protección de áreas de nidificación. Asimismo, es crucial fomentar la cooperación internacional en las zonas compartidas con Portugal, para asegurar la viabilidad a largo plazo de esta especie emblemática.