Científicos han constatado que algunos ríos del norte de Canadá, especialmente en la región de Yukón, han cambiado a un color naranja turbio debido al deshielo del permafrost, lo que ha liberado metales tóxicos, afectando gravemente a ecosistemas acuáticos locales. Este fenómeno fue documentado en un estudio publicado en la revista Science, donde se identificaron 146 arroyos afectados, mostrando un aumento drástico en acidez y concentración de metales pesados desde 2024. En particular, un arroyo asociado al río Ogilvie ha pasado de ser potable a presentar niveles peligrosos de acidez y metales, lo que plantea altos riesgos para la vida acuática y las comunidades que dependen de estos recursos.

A medida que el permafrost se descongela, los minerales atrapados durante siglos se movilizan, alterando la química del agua y generando una devastadora afectación en la biodiversidad. La rápida transición observada en estos cuerpos de agua, comparativa a zonas mineras contaminadas, exige una vigilancia constante para prevenir el deterioro del medio ambiente y la salud pública. Aunque los grandes ríos aguas abajo aún mantienen cierta calidad, el riesgo es alarmante si el patrón de deterioro se repite en otros arroyos de la región.