Un descubrimiento en Teruel, España, ha revolucionado la comprensión de la evolución de las comadrejas al confirmar su origen en el Mioceno hace aproximadamente 6,5 millones de años. Este hallazgo se basa en un nuevo fósil, identificado como Galanthis baskini, que es similar en tamaño a la comadreja moderna. El estudio, liderado por la Universidad Complutense de Madrid, sugiere que las técnicas de caza de estos pequeños depredadores eran ya sofisticadas en ese período, lo que altera la visión actual sobre su evolución.
Las características especiales encontradas en los fósiles, como dientes aptos para una dieta carnívora y mandíbulas adaptadas a la captura de presas, indican que las estrategias de caza de las comadrejas actuales tienen raíces que se remontan a millones de años. Además, el uso de tecnología moderna, como la microtomografía computarizada, ha permitido una reconstrucción más precisa de las estructuras internas sin dañar los restos. Este hallazgo no solo refuerza a Aragón como un lugar clave en la investigación paleontológica, sino que también redefine las relaciones evolutivas de los mustélidos en su conjunto, vinculando a estas especies con nutrias y otros carnívoros.