En noviembre de 2024, China concluyó la creación de un 'cinturón' verde de 3.046 kilómetros en la frontera del desierto de Taklamakán, como parte del programa Three-North Shelterbelt, iniciado en 1978. El objetivo principal de este proyecto es combatir la desertificación, resguardar las carreteras y preservar los oasis en la región de Xinjiang. Un estudio reciente indica que la vegetación restaurada ha producido descensos estacionales en las concentraciones de CO₂ en el aire, alcanzando una disminución de aproximadamente 3 partes por millón durante la temporada húmeda.
El cierre del cinturón se realizó tras plantar el último tramo de aproximadamente 100 metros. Sin embargo, este no es un bosque continuo, sino que incorpora diversas técnicas, incluyendo barreras de ingeniería y el uso de paneles solares. Los beneficios del proyecto se centran en la protección de cultivos y la mitigación de tormentas de arena que afectan la población y la infraestructura. A pesar de los avances, los investigadores advierten que el impacto global sigue siendo modesto en comparación con las emisiones globales de CO₂, y que la existencia de agua será crucial para la supervivencia de las nuevas plantaciones ante las condiciones climáticas extremas.