La erosión costera es un fenómeno creciente en España, impulsado por el cambio climático y las actividades humanas. Vicente Negro Valdecantos, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, explica que estructuras como presas y puertos interrumpen el flujo de sedimentos vitales, causando un déficit que perjudica la salud de las costas. Raúl Medina Santamaría, director del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, advierte que, sin intervención, las playas podrían perder entre 60 y 80 metros de arena hacia el año 2100. Esta pérdida no solo tiene implicaciones estéticas, sino que representa un peligro considerable para la biodiversidad y la estabilidad de los ecosistemas costeros.
Particularmente afectadas son las costas del norte, como en el País Vasco y Galicia, donde se han documentado reducciones significativas en la superficie de playas. No obstante, algunas comunidades están llevando a cabo iniciativas, como la restauración de dunas en Galicia, para mitigar el impacto. Paralelamente, en la costa mediterránea, lugares como la Costa Brava y La Manga enfrentan un retroceso acelerado, exacerbado por la urbanización intensiva y un incremento en la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos. La combinación de estos factores ha incrementado la incidencia de inundaciones costeras, un fenómeno que se está convirtiendo en una nueva normalidad, según recientes investigaciones que atribuyen parte del riesgo creciente al cambio climático antropogénico, lo que subraya la urgencia de medidas de adaptación y de planificación territorial eficaz para proteger las costas españolas.