WWF ha reiterado la necesidad de adoptar medidas más ambiciosas para recuperar los caudales del río Guadiamar y restaurar los terrenos de marisma en el norte del Parque Nacional de Doñana. Juanjo Carmona, su portavoz, ha enfatizado que estas áreas, que ahora solo constituyen el 20% de su superficie original, son fundamentales para mitigar los efectos del cambio climático. Las presiones derivadas de prácticas agrícolas intensivas y proyectos mineros han obstaculizado la restauración de estos ecosistemas durante casi tres décadas, en contraposición con los mandatos de la Unión Europea y la UNESCO.
Recientes estudios han indicado preocupantes cambios en la laguna de Santa Olalla, que ha dejado de ser permanente, registrando desecación total durante tres años consecutivos entre 2022 y 2024. Este fenómeno, combinado con el aumento de temperaturas y la reducción de precipitaciones, pone en grave riesgo la biodiversidad local. Además, WWF ha criticado el deslinde que erróneamente clasifica a Doñana como marisma mareal, resaltando que en su mayoría es un humedal de agua dulce, lo que podría perjudicar los planes de gestión y protección del área.
En respuesta a esta crisis, se han iniciado proyectos de restauración de humedales, que buscan recuperar la biodiversidad y restablecer el equilibrio ecológico en Doñana. Estas iniciativas han permitido la reforestación de 50 hectáreas en el humedal Reboso del Sur, sumando casi 400 hectáreas restauradas en total. A través de colaboraciones con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Junta de Andalucía, el esfuerzo se enfoca en mejorar la resiliencia del ecosistema y fomentar la economía local mediante la creación de empleos verdes. La restauración es fundamental no solo para el entorno natural, sino para el desarrollo sostenible de las comunidades vecinas.