La reintroducción de solo diez tortugas gigantes de Aldabra en la isla de Aride, Seychelles, ha demostrado ser eficaz para restablecer procesos ecológicos que se habían perdido durante más de 180 años. Un estudio internacional publicado en Restoration Ecology revela que en apenas seis meses, las tortugas han dispersado más de 11.000 semillas, el 89,5 % de ellas de especies nativas, y consumido diversas plantas exóticas, ayudando a limitar su proliferación.
Investigadores de la Estación Biológica de Doñana, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico del CSIC y la Universidad de Exeter han destacado que la reintroducción de estas tortugas no solo contribuye al control de la vegetación invasora, sino que también acelera la descomposición y reciclaje de nutrientes en los suelos. Además, se ha identificado un comportamiento individual clave: ciertos ejemplares sobresalen en diferentes roles ecológicos, lo que resalta la necesidad de considerar la diversidad conductual en futuros programas de conservación.
Este hallazgo plantea un cambio en las estrategias de restauración de ecosistemas, proponiendo que la efectividad de la reintroducción no depende únicamente de la cantidad de individuos liberados, sino también de sus patrones de comportamiento. Investigaciones futuras podrían analizar la aplicabilidad de estos resultados en otras islas, como las Galápagos, lo que subraya su relevancia en la conservación de la biodiversidad.