Investigadores han planteado una intervención radical en la Antártida Occidental mediante la adición artificial de nieve para prevenir el colapso de glaciares críticos como Pine Island y Thwaites. Los estudios indican que un volumen de 7,4 billones de toneladas de nieve sería necesario en un lapso de diez años para estabilizar la pérdida de hielo. Esta operación sin precedentes implicaría un consumo energético enorme y debería manejarse con extremo cuidado debido a los potenciales impactos ambientales, como cambios en la salinidad y la formación de lagos, que podrían agravar la situación en vez de ayudar.

Los científicos advierten que, aunque esta propuesta se explora en el contexto de emergencia climática, subsiste el llamado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como la acción primordial para abordar la crisis del nivel del mar. El estudio destaca que realizar grandes proyectos en regiones como la Antártida debe considerar rigurosamente las regulaciones del Tratado Antártico, que protege el continente como una reserva natural.