La decisión judicial de paralizar temporalmente las obras del proyecto Cuna del Alma en Tenerife ha suscitado celebraciones por parte de diversas organizaciones ecologistas, como Greenpeace. Sin embargo, la ONG advierte que esta medida no garantiza una protección total del entorno afectado y exige una evaluación más profunda de los impactos ambientales y posibles irregularidades en los permisos otorgados.

Greenpeace califica la suspensión como un primer paso, pero considera que es insuficiente. La paralización parcial no implica el abandono del desarrollo urbanístico y continúa alimentando la tensión social y ambiental en la zona. Además, la organización demanda la cancelación total del proyecto y la restauración ecológica del área ya afectada, resaltando que el Cuna del Alma representa una amenaza para la Zona Especial de Conservación Teno-Rasca debido a su impacto potencial sobre la biodiversidad.

El conflicto en torno a este macroproyecto pone de relieve el debate más amplio sobre el modelo turístico en Canarias, donde el crecimiento económico a menudo se enfrenta a la necesidad de proteger los recursos naturales y los ecosistemas frágiles, lo que genera un creciente interés y movilización social en defensa del entorno.