La disputa por los minerales críticos, esenciales para la transición energética, se ha intensificado, atrayendo la atención del G7 y grandes grupos industriales. La dependencia actual de unos pocos mercados, en particular de China, plantea riesgos significativos para la seguridad económica y el desarrollo industrial. Esta situación ha llevado a la necesidad urgente de diversificar fuentes de suministro y fomentar nuevas inversiones en la extracción y procesamiento de estos recursos.
Los minerales críticos son fundamentales para la fabricación de tecnologías limpias, incluyendo baterías y paneles solares. La creciente demanda energética y la electrificación permiten que estos recursos se conviertan en una cuestión de seguridad nacional. En respuesta, países como Australia y Canadá están aumentando su papel en el mercado global para asegurar el acceso a estos minerales, al tiempo que se enfatiza la importancia de hacerlo bajo estrictos estándares ambientales para proteger los ecosistemas locales.