Los Pirineos están viviendo transformaciones climáticas notables, con una disminución de tres días de heladas y un incremento de 4,9 días de verano cada década. Desde 1959, esto se traduce en 20 días menos de heladas y 32 días más con temperaturas superiores a 25 °C. Un informe del Servicio Meteorológico de Cataluña (Meteocat), enmarcado en el proyecto LIFE Pyrenees4Clima, destaca que la temperatura media ha aumentado 1,9 grados, alcanzando hasta 2,7 grados en verano. Esta tendencia también se manifiesta con un aumento de las olas de calor, que se han extendido en 19 días, y una disminución de las rachas frías, alterando el equilibrio climático de la región.

Los efectos de este calentamiento no solo se limitan al clima, sino que impactan directamente los ecosistemas de alta montaña. La temperatura del agua en los lagos pirenaicos está en aumento, lo que reduce el periodo de congelación y podría incrementar el riesgo de anoxia, afectando a la fauna y flora acuáticas. Además, la temporada de nieve se vuelve más corta y menos estable, lo que repercute negativamente en el turismo de invierno y obliga a las estaciones a recurrir a la nieve artificial, lo que incrementa el consumo de agua y energía. Estos cambios representan un desafío significativo para la biodiversidad y la sostenibilidad en una de las regiones montañosas más importantes de Europa.