El lince ibérico, que en el pasado estuvo al borde de la extinción, presenta un panorama optimista en 2024, con un censo que contabiliza 2.401 ejemplares en la península ibérica, 2.047 de ellos en España. Este incremento del 19% respecto al año anterior es significativo, pero más relevante aún es la tendencia hacia la conectividad entre sus poblaciones, lo cual es crucial para su supervivencia a largo plazo. El desarrollo de estos corredores naturales es parte de una estrategia concertada entre administraciones españolas y portuguesas, apoyada por la Unión Europea a través de proyectos LIFE.

Sin embargo, el camino hacia una población sostenible aún presenta desafíos. Aunque el aumento es notable, el lince ibérico enfrenta una alta mortalidad, con 214 muertes registradas en 2024, de las cuales 162 fueron por atropellos. Este problema subraya la necesidad de desfragmentar el hábitat y establecer medidas para reducir el impacto de las infraestructuras viarias. La protección del hábitat y la colaboración con propietarios y gestores locales son aspectos esenciales para garantizar el futuro de esta especie emblemática.