Un reciente estudio realizado en 27 ciudades españolas ha demostrado que los espacios verdes urbanos, como parques, jardines y huertos comunitarios, pueden actuar como importantes sumideros de carbono, con una capacidad de almacenamiento comparable a la de los ecosistemas naturales. Se ha encontrado que el suelo urbano puede almacenar una mediana de 2,26 kg de carbono por metro cuadrado, una cifra muy cercana a los 2,42 kg/m² de entornos naturales, desafiando la creencia de que solo los ecosistemas rurales son efectivos en este sentido.

Sin embargo, el estudio también subraya que la capacidad de almacenamiento de carbono en estos espacios se ve afectada por las altas temperaturas urbanas. Por lo tanto, es esencial implementar estrategias de gestión ecológica que incluyan aumentar la vegetación, evitar la compactación del suelo y reducir las superficies impermeables. Ciudades como Copenhague, Ámsterdam y Berlín presentan modelos a seguir en la integración de infraestructura verde y prácticas efectivas para la gestión del carbono.

La clave para maximizar el potencial de los espacios verdes urbanos radica en su gestión adecuada, lo que no solo disminuiría las emisiones de CO2, sino que también mejoraría la calidad del aire y la resiliencia urbana frente al cambio climático.