Las abejas melíferas, a pesar de tener cerebros diminutos, han demostrado tener la capacidad de aprender y recordar rostros humanos. Un reciente estudio publicado en el Journal of Experimental Biology indica que, usando un sistema de recompensa, estos insectos pueden distinguir imágenes de caras con una precisión superior al 80 %. Este comportamiento no se traduce en un reconocimiento humano tal como lo entendemos, sino en la habilidad de identificar configuraciones visuales que asocian con recompensas alimenticias.

Los investigadores formaron parte de un equipo dirigido por Adrian G. Dyer, y los resultados sugieren que las abejas utilizan un enfoque visual que se basa en la posición relativa de los elementos. Esto indica que poseen estrategias de aprendizaje más complejas de lo que se pensaba para un insecto de su tamaño. Además, este tipo de estudios subraya la importancia de las abejas en los ecosistemas, ya que son clave para la polinización de más de un tercio de los cultivos agrícolas del mundo, lo que refuerza su rol en la biodiversidad y la producción de alimentos.

La investigación también destaca la notable flexibilidad de la memoria visual de las abejas, permitiéndoles reconocer imágenes desde diferentes ángulos, lo que resulta esencial para su supervivencia al interactuar con flores en entornos cambiantes.