En la ciudad de Barcelona, las altas temperaturas alcanzadas recientemente han puesto de manifiesto la necesidad de incrementar la vegetación urbana. Estudios indican que el arbolado puede reducir las temperaturas hasta 10 °C y mitigar en un 50% el efecto isla de calor. En este sentido, iniciativas como las superilles priorizan el espacio verde para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Gara Villalba, investigadora de la Universitat Autònoma de Barcelona, destaca que un diseño urbano que incorpore más vegetación no solo ofrece alivio térmico, sino que también contribuye a la resiliencia de las ciudades ante el cambio climático. Mariona Ferrandiz, del CREAF, subraya que la plantación de árboles debe ser acompañada de un manejo adecuado, priorizando especies autóctonas para evitar la introducción de plagas.

Además, es necesario considerar la reducción del asfalto en áreas donde crecen árboles, lo que facilita la retención del agua. Este enfoque puede no solo ayudar a mantener temperaturas más bajas, sino también a disminuir el riesgo de inundaciones en la ciudad, según el proyecto ARSEC que estudia el impacto del cambio climático en el arbolado urbano de Barcelona.